Era verano y era el último taller de tres días que ofrecería antes de irnos de vacaciones. Llegué temprano al salón para meditar. Cerré mis ojos pasaron quizás 40 minutos y al abrirlos la ví allí. Una mujer (la llamaremos Carmen para proteger su identidad) en sus 40 perfectamente arreglada, impecable, con el maquillaje perfecto a las cinco de la tarde, el cabello planchado de forma perfecta y vestida de negro. Me sonrió y yo la ví extrañada porque no la sentí llegar, sabía que había alguien en el salón pero nunca sentí su llegada. Hablamos un poco y me retiré a mi oficina mientras esperaba el tiempo para dar comienzo al taller con 20 personas más.

Se trataba de un taller de tres días. El primer día y el día siguiente, Carmen no habló, no preguntó, no se sintió, no dirigió palabra a nadie. Así mismo, como entraba al salón sin sentirse, salía sin siquiera ser notada. Al cabo de dos días mientras sus compañeros avanzaban en sus procesos personales Carmen seguía estática. Por momentos, parecía como que estaba su cuerpo pero ella no. De repente, en un espacio, mientras trabaja con una participante, pregunté si había esquizofrenia en la familia de esta persona y en ese instante Carmen comienzó a llorar y mientras trabajaba con su compañera el caso de un tío en la familia que tenía esquizofrenia Carmen vivíó su descubrimiento sin parar de llorar, parecía que no había llorado por años. A la hora del receso la observé conversando con los demás y vi que se le cayó el cuaderno haciendo mucho ruido y luego tropezó una silla y se rió a carcajadas (ella misma se comenzaba a sentir). Al regresar del receso levantó la mano y dijo: “Mi abuela se suicidó, mi Mamá estaba pequeña, nunca se habló de ella, siempre fue un tabú esta historia, no la había recordado nunca hasta hoy. Cuando escuché la palabra esquizofrenia algo se liberó en mi y en ese momento supe que ella se mato para no matar a sus hijos…

Después de este descubrimiento Carmen empezó a liberarse e integrar y relacionar las experiencias ancestrales pasadas con todo lo que ella había estado viviendo.

Ella había venido al taller porque se sentía deprimida, hundida en una emoción de soledad, tristeza, vacío, sin ganas de vivir y todavía sentía mucha rabia con su ex marido. Él se había ido con otra mujer unos años atrás y había formado una familia y ella no había podido salir de ese resentimiento y no había tenido hijos, no tenía pareja, no podía establecer una relación porque siempre se conseguía con hombres casados. Ella había creído, por muchos años, que al conseguir una pareja volvería a ser feliz. Ya hasta había perdido la ilusión de tener pareja pero estaba segura que debía liberar el resentimiento hacia él y su mujer para poder lograr vivir.

Carmen no se quedó con solo la información del taller, decidió tomar sesiones de coaching sistémico conmigo durante varios meses en donde pudimos descubrir que su Mamá de alguna manera nunca estuvo para ella, ni para sus hermanos, ni para su papá. Su Mamá había vivido un vacío eterno no solo por la muerte de su Mamá (la abuela), sino que más nunca nadie le habló de ella. La familia en medio del bochorno y tristeza por lo acontecido quiso borrarla del panorama familiar. Carmen llevaba desde pequeña este vacío, esta emoción de no pertenecer, de no formar parte, emoción de exclusión de su Mamá. Cada vez que le pedía a Carmen durante las sesiones de coaching que visualizara a su Mamá ella se conectaba con ese vacío, con esa forma extraña de no estar, de no sentirse, tal y como se presentó en los primeros días a mi taller.

La neurociencia nos demuestra dos cosas fundamentales para comprender la conducta de Carmen:

  • La naturaleza del cerebro es establecer patrones basado en nuestra percepción de nuestro entorno.
  • El objetivo del cerebro es lograr coherencia corporal con lo que piensa, es decir lograr materializar lo que pensamos. Los patrones lo vamos adquirir de lo que aprendemos de pequeños incluso desde que estamos en la barriga de nuestra madre. Estos esquemas mentales mandarán señales – a través de químicos – al cuerpo (esto se llama emociones) para que las células entren en movimiento produciendo las proteínas necesarias para mantener la coherencia corporal con lo que pienso.

El cerebro de Carmen desde que estaba en la barriga de su madre, había registrado emociones de vacío, soledad, no existencia, exclusión, secretos e invisibilidad de la Mamá con su Mamá. Así mismo fue creciendo y asumiendo roles de conducta de Mamá de su Mamá. No menos importante es un suceso consecuencia de toda esta emoción familiar y es que cuando su Mamá se divorció de su Papá, ambos tenían una empresa juntos y su Mamá entregó a Carmen y a sus hermanos la responsabilidad, de esta forma Carmen asumió la parte de su Mamá y comenzó a trabajar con su Papá.

Volviendo al taller, cuando Carmen escuchó la palabra esquizofrenia, su cerebro, su cuerpo y su mente conectó con la información que su Mamá le transmitió inconscientemente toda la vida, “Todos saben que fue lo que pasó con mi Mamá pero nadie dice nada y debo callar porque siempre se ha generado mucho miedo y rabia cuando he preguntado”. Se puede decir que Carmen en el taller lloraba por la Mamá y al hacer el reconocimiento de la existencia de la abuela, de incorporar en su vida la historia real de la abuela hizo el reconocimiento de lo que buscó su Mamá toda la vida. Carmen llevaba esa información en su cerebro y en su cuerpo y al ver a la abuela era como que si su Mamá la estuviese viendo. Cada vez que Carmen llegaba a la consulta se le veía más feliz, más libre, más extrovertida, se ría mucho y me decía que hasta estaba extrañada con esta nueva forma de ser. Un día llegó con el pelo alborotado al natural y me dijo: ya no soy la persona que se alisa el pelo, no me identifico más con ella.

Sin embargo, había algo que no la dejaba del todo expandirse al 100% como ella lo deseaba. Seguía sintiendo mucha rabia con el ex marido y esta nueva versión de ella atraía a muchos hombres pero todos estaban casados y a ella esto le gustaba por un lado, pero por el otro le generaba más rabia y mucha frustración y sabía y quería soltarlo pero había mucha resistencia. Sentía la necesidad de vengarse de la mujer por quien su ex esposo la había dejado y no podía soltar esa emoción.

Con Carmen habíamos hablado anteriormente la razón por la cual la dinámica entre sus padres había hecho que ella fuera una pseudo pareja del papá por muchos años y existiese rivalidad entre ella y su Mamá pero aunque lo integraba no podía soltarlo y un día le dije: La experiencia es lo único que nos enseña, no las palabras, así que, Carmen decidió vivir la experiencia sin juicio de estar finalmente con un hombre casado. Ante esta resolución individual de Carmen, le propuse que la única regla debería ser estar despierta, es decir, registrar las emociones que vienen, registrar las sensaciones corporales, los pensamientos, los sentimientos, todo y luego nos veríamos en 15 días para integrarlas a la terapia sistémica.

Al llegar a la consulta dos semanas después entró diciendo: “¡No me lo vas a creer! me liberé de mi ex marido, de su esposa, del drama, de la historia. Por primera vez en años llevo dos semanas sin pensar en ellos, ahora que llegué es que me recordé que hablaríamos del tema”

Cuando Carmen estuvo tres días con el hombre casado pudo registrar conscientemente el vacío y sobre todo la sensación de que él no la escogería a ella como pareja sino que siempre estaría la mujer de este hombre primero que ella. También registró que había hablado muy mal de la pareja de su ex marido y le había puesto adjetivos calificativos muy fuertes y ella estaba haciendo exactamente lo mismo y la pareja de su ex marido había hecho. Carmen en ese momento supo que al igual que su Mamá nunca le presto mucha atención a su ex pareja cuando estaban juntos y que en realidad no le gustaba, me dijo: “me di cuenta que lo había elegido solo porque me escogio a mi entre otra mujer con quien salía en el mismo momento”

Carmen había estado casada por más de 10 años con un hombre que no quería por el solo hecho de que alguien, su ex, la había reconocido, porque ante alguien ella era visible, porque ante alguien ella existía.

Carmen aceptó su responsabilidad y comenzó a observar sin juicio la emoción inconsciente que había heredado de su Mamá y también el espacio vacío dejado por la Mamá de su Mamá. Esas sensaciones de no existencia, de sentirse borrada del mapa convergieron en el momento que ella se relaciona sentimentalmente y es por esta razón que los hombres no estaban disponibles para ella porque ella no estaba disponible para la vida. Carmen finalmente se liberó de su pasado emocional y comenzó a construir un nuevo y único futuro.

Hoy día Carmen dejó de trabajar con su familia como administradora, es artista exitosa y expresa todo los días en sus obras quién es ella, sabe que está dejando huellas, y atrajo a un hombre totalmente disponible y por primera vez puede decir que están ambos enamorados.